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Los problemas de asamblea

En la entrada anterior os mostrábamos cómo trabajabamos el Taller de problemas en nuestra aula. Esto nos ha hecho ver lo interesante que podría ser completarla con una nueva explicando cómo solemos trabajar los Problemas de asamblea.

En un primer momento, cuando comenzamos con ¡A contar!, nos parecía que ambas propuestas eran tan similares que apenas hacíamos distinción entre ellas. Y, aunque esta diferencia parezca verdaderamente sutil, es necesario que seamos conscientes qué se persigue alcanzar con cada una de ellas para evitar trabajar con las dos el mismo objetivo, pero en diferente modo de agrupamiento.

Por ello, os aconsejamos que leáis detenidamente las páginas 22-26 de la guía del profesorado, en las que se explica muy bien la diferencia entre estas dos modalidades de problemas.

En cualquier caso, os mostramos a continuación las que nos parecen más importantes para que podamos partir de ellas y asentar bien las que, a nuestro parecer, son fundamentales.

La explicación completa la podéis encontrar en la guía.

 

 

Como vemos, el objetivo último de cada una de estas actividades difiere bastante, aunque sin duda alguna, se complementan.
Si analizamos con detenimiento los enunciados de los problemas, lo primero que llama la atención es que las actividades del Taller de problemas están más encaminadas a trabajar la lógica y el pensamiento divergente.Como vemos, el objetivo último de cada una de estas actividades difiere bastante aunque, sin duda alguna, ambas se complementan.

Otra diferencia está en que los Problemas de asamblea suelen ser más cortos y muy específicos, con menos materiales y plantean operaciones sencillas y rápidas en las que los niños y niñas pueden utilizar los dedos de las manos para encontrar la solución (en otra entrada profundizaremos más sobre este tema). Estos últimos requieren, por lo tanto, menos tiempo de ejecución.

Dentro de los Problemas de asamblea, a su vez, se distingue entre dos clases de enunciados: los problemas verbales y los no verbales:

  • En los problemas no verbales se trabaja con materiales. Son más sencillos, se trabajan los números del 0 al 10 y, además, los mismos alumnos pueden autoevaluar.
  • Por su lado, en los problemas verbales no se utilizan materiales. Estos problemas suelen plantear situaciones hipotéticas y abstractas que requieren un conteo con los dedos y las soluciones pueden ser debatidas.

En nuestro aula solemos comenzar trabajando los problemas no verbales. Son especialmente útiles para todos aquellos niños y niñas a los que les cuesta desarrollar aún la capacidad de abstracción, sobre todo en el caso de los 4 años.

En ocasiones, hemos planteado este tipo de problemas en la asamblea, y a los alumnos les resulta especialmente motivador. De esta forma estamos empezando a afianzar los pilares de lo que será posteriormente la escritura de las sentencias numéricas referidas en el cuadro anterior.

 

 

Comenzamos siempre con problemas sencillos, normalmente contextualizados con el cuento que estemos trabajando y que hemos leído antes varias. En ocasiones, partiendo también del cuento, podemos generar nuevas situaciones y crear nuevos enunciados porque nos parece conveniente hacer hincapié en algún tipo de resolución específica que hayamos detectado y que es necesario afianzar en nuestros alumnos.

  

En nuestro trabajo, hemos comprobado que suele haber un grupo de alumnos más rápidos que contestan a nuestras preguntas, dejando a los que les cuesta un poco más en una posición un tanto cómoda de espectador. Este problema siempre intentamos corregirlo creando turnos de intervención, dándoles a todos la oportunidad de participar sin presiones o comparaciones con sus compañeros. También hemos tenido buenos resultados formando grupos de trabajo con diversos agrupamientos de modo que todos tengan que reflexionar juntos para encontrar la solución.

Solo una vez que hemos comprobado que dominan los problemas no verbales, introducimos los problemas verbales.

Por nuestra experiencia depende un poco del grupo de clase que tengamos, pero normalmente al finalizar el segundo trimestre de 4 años ya están preparados para hacerlo.

Es en este momento cuando los problemas más abstractos entran en escena. Para hacerlo nos gusta plantear situaciones cercanas al niño y sacadas de la vida cotidiana en el aula. Por ejemplo, les preguntamos: «Si en el grupo rojo hay cinco niños y solo hemos repartido tres lápices, ¿cuántos niños se han quedado sin lápices?».

  

Este tipo de actividades solemos hacerlas diariamente en el aula. Cada jornada nombramos a un encargado diferente de cada grupo para que reparta los materiales y le entregamos de menos o de más para que puedan realizar este tipo de operaciones en situaciones reales. Esto les suele ayudar bastante a situarse ante problemas de este tipo.

Al realizar este tipo de actividades hemos comprobado que los niños y niñas buscan estrategias propias y muy diferentes para resolver los problemas: los más avanzados nos piden los lápices que necesitan en el mismo momento que se los estamos entregando, algunos son capaces de estimar si hay pocos o muchos, otros los reparten entre los miembros de su grupo y nos dicen después la cantidad que les falta o que necesitan, etc. Y lo que es más importante, vemos cómo aprenden unos de otros, cómo se fijan en lo que han hecho sus compañeros y cómo se esfuerzan en aplicar las nuevas estrategias que van surgiendo en el aula.

De esta forma, poco a poco, cada uno a su ritmo va alcanzando los objetivos que nos proponemos, para nosotros, no hay mejor premio que ver sus logros y sus avances diarios.

 

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Elisa Hernández

Maestra de Educación Infantil y coautora del proyecto ¡A contar!