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La prehistoria de ¡A contar!: ¿De dónde vienen los proyectos educativos?

Para comprender algo o a alguien es importante saber de dónde viene. Hoy os voy a contar cuál es el origen del proyecto ¡A contar!, porque pienso que mi relato ayudará a las maestras y maestros que lo utilizan en el aula, o se acercan por primera vez a él, a comprenderlo mejor.

Durante el curso 1995-96, comencé a dar clase en una escuela de Magisterio formando a futuras maestras y maestros de Educación Infantil. En estos primeros años, tenía muchas horas semanales de clase, y mis primeras promociones de estudiantes aún no habían llegado al aula. Como consecuencia de esto, no solía recibir invitaciones para ir a los centros de Educación Infantil y apenas tenía contacto con niñas y niños de estas edades. Sin embargo, siempre tuve la convicción de que las clases de Magisterio debían ser cercanas a la realidad del aula. Así, en la época anterior a Internet, me dedicaba a buscar artículos, libros y cualquier documentación que, a través de narraciones ilustradas del acontecer cotidiano en Infantil, me permitieran acortar la distancia entre las clases de la universidad y la realidad que se vive en el aula.

En el año 2005 se produjeron dos hechos que, combinados, cambiaron por completo mi trayectoria profesional. El primero fue descubrir, dentro de esta búsqueda de documentación, un artículo en el que se mencionaba un proyecto de las escuelas Reggio Emilia que me pareció apasionante: El zapato y el metro. Conseguí el libro y realicé una traducción para mis alumnos que finalmente fue publicada por Rosa Sensat. El segundo fue participar en unas jornadas sobre educación infantil donde Beatriz Escorial, una antigua alumna mía, me dijo: «Yo quiero trabajar así». Durante los 5 años siguientes, estuvimos colaborando en un enfoque de «Matemáticas a través de proyectos» e hicimos algunas publicaciones sobre matemáticas con proyectos y resolución de problemas.

 

 

Durante aquellos años Bea y yo reflexionamos mucho sobre los proyectos en educación infantil, sus posibilidades y limitaciones. En nuestra concepción, los veíamos como una aventura. Algo así como un viaje no planificado para el que llevas poco más que una muda limpia y unas zapatillas viejas y solo has reservado hotel para la primera noche. En la metáfora del viaje, lo situábamos en las antípodas de las unidades didácticas, como viajes programados en los que un exceso de planificación podría llegar a robarte la emoción de la aventura. Los niños y las niñas nos ayudaron mucho, porque cuando trabajas de esta forma, cualquier cosa se convierte en un proyecto. Por eso, por ejemplo, comenzamos haciendo un juego de construcción y acabamos haciendo proyectos de construcción, como el de La gran torre, para el que los pequeños nos pidieron levantarla en el patio porque soñaban con construir una torre que «chocaría con el techo».

 

Si bien el trabajo por proyectos nos parecía ideal para la educación infantil, desde el punto de vista de las matemáticas nos generaba alguna preocupación. Al aventurarnos con los pequeños en un proyecto, sabíamos que iban a aprender mucho, ¡pero no sabíamos qué iban a aprender! Yo había leído trabajos de investigación en los que se hablaba de cómo una buena base matemática en Educación Infantil podía prevenir futuras dificultades y también que gran parte de los alumnos corrían el riesgo de empezar a ir mal en esta disciplina a edades tan tempranas como los 6 años. La solución que vimos entonces fue mezclar proyectos con talleres de juegos matemáticos. Usábamos juegos, como el bingo, para que los pequeños aprendieran conocimientos matemáticos importantes, con un enfoque educativo compatible con el de los proyectos. Mediante estos juegos, o en talleres de resolución de problemas, introducíamos las propuestas que garantizarían una buena base matemática para niños y niñas.

Al tiempo, observábamos que entre los proyectos y la literatura infantil se creaban unas relaciones de gran riqueza. Si hacíamos un proyecto sobre el mapa del tesoro, por ejemplo, los pequeños nos traían libros de piratas, de galeones, etc., que compartíamos en la asamblea. A su vez, los libros retroalimentaban el proyecto, avivando el fuego que nos llevaba a adentrarnos más en la investigación. La sensación que teníamos era que un libro podía llevarnos a un proyecto y un proyecto a un libro. El proyecto y el libro parecían llamas de un mismo fuego; y ambos nos sumergían en una aventura personal y nos proporcionaban un argumento para estructurar la actividad partiendo del interés de los niños y las niñas. Todas estas ideas empezaron a encajar formando la simiente de lo que sería después ¡A contar! Muchas de las ideas que vertebran este proyecto están ya presentes en un artículo de 2009, en el que mostrábamos cómo los pequeños de 5 años resolvían problemas matemáticos «complicados» de dobles y mitades, gracias al estímulo de un cuento en el que una olla mágica duplicaba todo lo que caía en ella.

En 2011 conocí a Elisa Hernández, la «madre» de ¡A contar!, a través de su extraordinario blog y la invité a escribir un artículo para la revista Edma. Ella realizaba actividades matemáticas en Infantil, algunas de las cuales estaban inspiradas en el fantástico libro Constuir, jugar y compartir. Enseguida vimos que nuestra forma de ver las matemáticas en esta etapa era muy similar y complementaria, y comenzamos a trabajar juntos. Ella ha contado en otra entrada cómo echamos a andar pensando de manera cconjunta ¡A contar!

Así, a lo largo de una trayectoria de 20 años, compartida con maestros y maestras de Infantil, hemos ido desarrollando una serie de ideas que son las que dan vida y constituyen la esencia e historia de este proyecto. Las más importantes son las siguientes:

  • Los niños y niñas de Educación Infantil son capaces de desarrollar una actividad matemática de gran valor y profundidad. Eso sí, deben hacer unas matemáticas adecuadas a su desarrollo cognitivo, social, físico y emocional.
  • La literatura infantil, entendida de un modo similar a los proyectos, constituye una entrada a una aventura compartida con los pequeños, y puede ayudarnos a estructurar y dar sentido a la actividad infantil en general y, en particular, a la actividad matemática infantil.
  • Los pequeños pueden hacer matemáticas de alto nivel, pero necesitan que las actividades se les planteen en un contexto familiar que les permita comprender lo que tienen que hacer y aplicar sus ideas matemáticas intuitivas e informales para resolver los problemas. Los cuentos, además de estructurar la actividad infantil, nos proporcionan este contexto.
  • En Educación Infantil no solo hay que aprender matemáticas. Una idea central del proyecto es centrarnos en los contenidos matemáticos más importantes (como el conteo o la resolución de problemas) y desarrollarlos a lo largo del curso, sin sobrecargar a los pequeños con muchas actividades matemáticas. Es una propuesta flexible, ya que puede articularse con otras (proyectos, literatura, expresión plástica) y, sencilla de llevar al aula.
  • Entendemos la manipulación como un medio, no como un fin. Por eso, nosotros preferimos hablar de «matemáticas para pensar con ayuda de objetos» mejor que de «matemáticas manipulativas». De esta forma, queremos enfatizar que lo importante no es tocar, sino pensar.

Pienso que con este relato se entenderán mejor algunas ideas del proyecto ¡A contar! Por ejemplo, el papel que juega la literatura en el proyecto. Lejos de un uso instrumental de la literatura para aprender matemáticas, hemos puesto un especial cariño en seleccionar y dar a conocer obras menos difundidas de autores clásicos, como La caza del snark, de Lewis Carroll. También hemos tratado de «reinventar» el género de las rimas de conteo para iniciar un juego, acompañando los textos con ilustraciones.

 

Hemos querido, en definitiva, participar junto a maestros, maestras, niños y niñas en un proyecto compartido de Educación Infantil, en el que los pequeños harán matemáticas y podrán hacer… ¡muchas otras cosas más!

 

Carlos de Castro

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Elisa Hernández

Maestra de Educación Infantil y coautora del proyecto ¡A contar!